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PARANORMAL´S BLOG

¿JUEGAS?

¿JUEGAS?

Lena estaba en casa sola, porque sus padres habían ido a un concierto y su hermana mayor estaba de fiesta. Como no tenía nada que hacer, se puso a construirse un collar de bolas pequeñas de colores, para distraerse hasta que llegasen. Cogía una bolita verde, otra azul… Hasta que sonó el teléfono.
- Lena, ¡ve a cogerlo tú! – dijo desde el piso superior su hermana mayor.
Lena se sobresaltó. ¿Pero su hermana no estaba en una fiesta? Bueno, habría vuelto ya y no la habría escuchado… Frustrada, Lena se alzó a coger el aparato que no paraba de sonar. Siempre sonaba el los momentos más inoportunos!
- ¿Diga?
Al otro lado, una voz desconocida por Lena dijo:
- ¿Quieres jugar? ¡Primero cuento yo! Hasta cien, contaré. Entonces, vendré a buscarte. ¡El tiempo empieza ya! Uno, dos, tres…
Lena colgó. ¿Quién diablos era? Alguien bromista, claro. Afuera empezó a llover. Lena se volvió a sentar y prosiguió su trabajo.
Riiiiiiing
- ¡Lena! ¡Coge el maldito teléfono! – gritó su hermana desde arriba.
Lena se enfureció con su hermana, porque siempre lo tenía que coger ella…
- ¿Diga?
- …ocho, nueve, diez, once…
- Oiga, ¿quién es? – dijo Lena enfadada. - No haga más bromas, ¿me oye?
- …doce, trece, catorce…
Lena se asustó un poco y colgó. Respiró hondo y se calmó. Llovía mucho, caían relámpagos y los truenos tronaban por toda la casa.
Riiiing
- ¡Lena! ¿A qué juegas? No hay electricidad, es imposible que suene el teléfono.
Ahora si que estaba asustadísima. ¡No había electricidad! El teléfono no debería sonar… entonces, ¿cómo se explicaba eso?
Cogió con la mano temblorosa el auricular, se lo llevó al oído y dijo con un hilo de voz:
- ¿Si?
- …treinta y uno, treinta y dos…
- ¿Quién es? ¿Qué quiere?
La voz la ignoró y siguió contando. Lena colgó, y se quedó mirando el auricular como si tuviera la culpa de todo aquello. Al cabo de unos segundos, el teléfono volvió a sonar. Lena lo cogió antes de que su hermana tuviera tiempo de quejarse.
- Escuche, si quiere algo dilo ya, pero no me haga eso… - pidió Lena.
- …cada vez falta menos… ochenta y tres, ochenta y cuatro…
Lena, casi llorando, colgó y se echó encima de la cama, tapándose con la almohada. Finalmente, sonó otra vez el teléfono.
- …noventa y nueve y… ¡CIEN! ¡Corre, escóndete, que vengo a por ti!
Lena colgó, salió de su habitación dando un portazo y subió las escaleras arriba como si la persiguieran de verdad. Con el corazón a cien, abrió la puerta de la habitación de su hermana sin llamar antes, y se tiró dentro cerrando otra vez la puerta detrás suyo, gritando:
- Sara, hay alguien que no para de…
La voz le quebró y se quedó a media frase. No estaba su hermana. Había una mujer vestida de blanco, muy joven, bella y rubia con los ojos azules. No la conocía. Tenía una sonrisa en los labios, pero sus ojos mostraban frío, hielo y perversidad. Lena quiso dar un paso hacia atrás, salir corriendo, pero el miedo la paralizaba.
- No… no… tu…
- Te he encontrado, mi niña. – dijo la mujer, con la voz que había oído al teléfono. – Ahora te toca a ti pararla.

Cuando los padres de Lena llegaron, encontraron una nota que decía: ¿queréis jugar? Y dos llamadas perdidas en el móvil.

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