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PARANORMAL´S BLOG

CUARTA PARTE

CUARTA PARTE

Lorena intentó tranquilizarme. Ella, yo y nuestras dos interlocutoras más nos alejamos de allí y nos situamos al lado opuesto de donde estaban ellas, en la mesa, junto a la chimenea, que aunque ya estaba a medio apagar, aún irradiaba algo de calor, junto con el portátil. Yo no podía para de quejarme de las barbaridades de Alba, Eulalia rezaba, Lorena suspiraba, cansada de escucharme y Laia solo atinó a callarse y escuchar. En mi interior sabía que ella estaba tan sorprendida como yo, solo que ella lo interiorizaba.

El singular sonido del messenger nos llamó la atención. Abrimos el portátil y vimos que estaba conectada, y que el contacto Darkness me estaba hablando.

Miré asustada a la pantalla, no me atrevía a abrir la ventana de conversación, que estaba minimizada. Miré a Laia, que me miraba igual a mí.

-Ábrelo ya. -me instó Lorena. Las cuatro teníamos los cinco sentidos puesto en la maldita pantalla, y de fondo, sentíamos a aquellas estúpidas jugando al maldito juego.

Hice caso, y finalmente lo abrí. Todas leímos el mensaje que allí había escrito, y el ambiente se crispó.

Darkness: Veo que no te gusta hablar conmigo. Me decepcionas Carol, yo quiero ser tu amigo :(

Carol: ¿Quién co/o eres? ¿Qué quieres? ¿Cómo puedes hablarme si te he borrado de mis contactos?

Darkness: Te gusta hacer muchas preguntas...

Carol: Sí, y veo que a ti no te gusta contestármelas. Maldita sea, ¿Quién eres?

Darkness: Si tanto empeño tienes, te lo diré

Carol: ya era hora

Darkness: Soy... el diablo

Las cuatro nos miramos entre sí, expectantes, y luego fijamos de nuevo la vista en la pantalla.

Carol: claro, y yo soy la Duquesa de Alba, ahora en serio ¿quién eres? ¿Qué quieres?

Darkness: ya te lo he dicho, quiero ser tu amigo...

Carol: si no me dices quien eres eso va a ser difícil

Darkness: tu te lo has buscado...

Carol: Que...?

De repente se fue la luz. El portátil también se fue y la estufa de resistencias. Solo quedó encendida la pequeña llama de la chimenea. Escuchemos un leve suspiro, un airé que nos caló los huesos, y que, acto seguido, desvaneció la llama de fuego.

-¿Qué ha pasado? -pregunté. Sudaba frío de pies a cabeza.

-Deben haber saltado los plomos. -me calmó escuchar la voz de Lorena. -Voy fuera a ver. ¿Estáis todas bien? -preguntó al aire mientras cogía un linterna de sobre la chimenea.

-Sí. -contestamos todas. Seguidamente sentí la puerta abrirse, dejando ver la claridad de la luna, la silueta de Lorena salir y después cerrarse la puerta.

Pasados unos minutos, la luz volvió. Esperé a que mis pupilas se recuperasen de la cegadez y escudriñé la sala. Estábamos todas... No. Irene no estaba.

CONTINUARÁ

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